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La poetisa de la calle Novalis

En el céntrico barrio berlinés de Mitte, y concretamente en la calle Novalis, vivía Cornelia Schumann, una joven aspirante a poetisa. La elección de la calle para su domicilio no fue casual, pues sentía una irresistible pasión por este malogrado poeta del Romanticismo alemán.

No hay mal que por bien no venga

Es la historia de Christine Schneider, una joven dependienta de una franquicia de Schelecker, en el barrio de Alt Leitzow, lo que en tiempos fuera una pequeña y coquetona aldea, hoy parte de Willmersdorf.

La joven era bajita, simpática y miope, pero con lentillas puede decirse que era una joven atractiva. Por desgracia las gafas de ojo de pez le deformaban algo su menudo y gracioso rostro, y con esto un lector inteligente e imaginativo ya deben haberse hecho más o menos una idea de su aspecto y carácter.

La brujita de Spandau

Hace ya muchos años, tantos que si todavía me acuerdo es de milagro, en los bosques cercanos a la pequeña localidad de Spandau, buenos para el carbón vegetal y las setas venenosas, vivía una bruja malcarada, porque no hay prácticamente ni una que sea biencarada.

Napoleón y Joshepine Ackermann

El 27 de octubre de 1806, apenas concluido el «Siglo de las luces», y cuyo nuevo siglo parecía presagiar el «siglo de las sombras», Napoleón Bonaparte, montado sobre un esbelto y ágil corcel, cruzó exultante los arcos de la Puerta de Brandemburgo de Berlín, entre la desconfianza y tristeza de los berlineses. La primera guerra franco-prusiana había concluido, tras la derrota de la coalición pruso-sajona en Jena y Auerstedt.

El perro del «punk» de Alexanderplatz



Me llamo Fritz a secas y soy de la raza Bull Terrier. Mi madre sé quién fue, pero de mi padre obviamente no tengo ni idea de quién fue ni me interesa saberlo.

El extraño caso del librero de Schöneberg

Herr Karl Hellermann tenía una pequeña librería de antiguo en el barrio berlinés de Schöneberg, no muy lejos de la plaza del Ayuntamiento. Gozaba de gran reputación. Poseía una buena colección de libros de gran valor y hasta se decía que guardaba para su propio deleite un incunable publicado en los albores de la imprenta, en la noble ciudad de Halle.

La increíble historia de Katherine von Stein

Katherine von Stein fue una joven aristócrata perteneciente a una ilustre familia del Electorado de Holstein-Battenberg. A los 24 años fue nombrada dama de compañía de la emperatriz Isabel Cristina, esposa del Federico II de Prusia, y la familia trasladó su residencia a Postdam, donde se hicieron construir un bello palacete cercano a Sans-Souci.
Pasaron los años entre elegantes fiestas en Sans-Souci, Charlottenburg o en el palacio del Príncipe en Berlín; largos y divertidos paseos campestres a caballo por el Tiergarten y los alrededores Wannsee,

El doble milagro de Kreuzberg


Alí Hassan era un comerciante árabe, de origen sirio, que tenía una modesta tienda de alfombras en la populosa Oranienstraße, en el corazón de del barrio de Kreuzberg. Era un buen devoto musulmán, rezaba sus oraciones diarias, respetaba las prohibiciones y cumplía escrupulosamente con la vigilia del Ramadán.
Por aquellas ironías del destino, su vecino comercial era un ruso moscovita, Vladimir Ivanoff, especializado en arte ruso e iconos, fiel cristiano de la iglesia ortodoxa, adorador del Espíritu Santo, devoto de la Virgen María, respetuoso con su patriarca, conocedor de una veintena de himnos religiosos que cantaba con su voz grave y profunda en su iglesia ortodoxa de Berlín.

El perro de frau Goldschmidt

En el barrio berlinés de Charlotemburgo, no lejos de río Spree y a un paso de los jardines del palacio, vivía Frau Emma Goldschmidt, una anciana de buen carácter, ya algo torpe porque rondaba los ochenta, pero que pese a sus lógicos achaques, no paraba en casa ni un instante, pues no soportaba la soledad y le aburría la televisión.

Cosas de los duendes de Berlín


Dedicado a «Pelirroja»

Como las cosas que se piden con educación y por favor no se pueden negar, te voy a contar una breve historia que se me ha ocurrido así, de pronto.
¿Quiénes saben del color de las hojas en el otoño berlinés mejor que los duendes del Tiergarten? No hace mucho tuve la suerte de encontrarme con uno, y eso que lo habitual es que aparezcan durante el equinoccio de invierno.
—¡Preciso otoño! —le comenté, extrañado de que siguiera fumando su pipa como si tal cosa, apoyado en un viejo nogal cerca del puentecillo que lleva al jardín zoológico.
—¡Hermoso! —contestó (los duendes son gente de pocas palabras y normalmente detestan a los turistas)