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La princesa desencantada

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  Markus W., era un pobre desgraciado, desgarbado y taciturno. Era delgado como una vara de mimbre, alto como un álamo y barbudo como una cabra vieja. Recorría las calles de Berlín sin una idea preconcebida. Andaba todo el día, de arriba para abajo; del este al oeste. Por la mañana se le podía ver en Wedding y por la tarde en Steglitz, otras veces bordeaba el río Spree desde los jardines de Charlotemburgo hasta el parque de Treptow.

Los demonios de Eva

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Eva está despierta desde algo más de las 5 de la madrugada. Está angustiada y no puede conciliar el sueño porque en unos días dejará su lujoso apartamento en la zona más codiciada de la ciudad.

La poetisa de la calle Novalis

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En el céntrico barrio berlinés de Mitte, y concretamente en la calle Novalis, vivía Cornelia Schumann, una joven aspirante a poetisa. La elección de la calle para su domicilio no fue casual, pues sentía una irresistible pasión por este malogrado poeta del Romanticismo alemán.

No hay mal que por bien no venga

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Es la historia de Christine Schneider, una joven dependienta de una franquicia de Schelecker, en el barrio de Alt Leitzow, lo que en tiempos fuera una pequeña y coquetona aldea, hoy parte de Willmersdorf. La joven era bajita, simpática y miope, pero con lentillas puede decirse que era una joven atractiva. Por desgracia las gafas de ojo de pez le deformaban algo su menudo y gracioso rostro, y con esto un lector inteligente e imaginativo ya deben haberse hecho más o menos una idea de su aspecto y carácter.

La brujita de Spandau

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Hace ya muchos años, tantos que si todavía me acuerdo es de milagro, en los bosques cercanos a la pequeña localidad de Spandau, buenos para el carbón vegetal y las setas venenosas, vivía una bruja malcarada, porque no hay prácticamente ni una que sea biencarada.

Napoleón y Joshepine Ackermann

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El 27 de octubre de 1806, apenas concluido el «Siglo de las luces», y cuyo nuevo siglo parecía presagiar el «siglo de las sombras», Napoleón Bonaparte, montado sobre un esbelto y ágil corcel, cruzó exultante los arcos de la Puerta de Brandemburgo de Berlín, entre la desconfianza y tristeza de los berlineses. La primera guerra franco-prusiana había concluido, tras la derrota de la coalición pruso-sajona en Jena y Auerstedt.

El perro del «punk» de Alexanderplatz

Me llamo Fritz a secas y soy de la raza Bull Terrier. Mi madre sé quién fue, pero de mi padre obviamente no tengo ni idea de quién fue ni me interesa saberlo.